Sunday, May 18, 2014

Rastros de una ponencia académica sobre Juan Cirerol




“Todo Fine:” El nihilismo/chamanismo musical de Juan Cirerol o el viaje del transborder punk-norteño de la muerte.[1]

por Fabio Chee

El siguiente texto es una transcripción de la ponencia dada por Fabio Chee durante el XX Congreso Mexicanista Juan Bruce-Novoa el 17 de Mayo, 2014 en la Universidad de California, Irvine. Al estilo de Cirerol, quien puso sus primeros cuatro discos en el internet para ser descargados gratuitamete, el autor ha decidido autopublicarse en su blog para que así la raza tenga el mayor beneficio de lectura. Las notas al pie, así como la mayoría de los videos y enlaces,  no fueron leídos o accedidos durante la ponencia, sino agregados posteriormente por el autor para mayor clarificación del contexto.

Después de experimentar con varias drogas incluyendo hachís, opio, mescalina, y eucodal Walter Benjamin dijo haber alcanzado una transformación de la razón.[2] En uno de sus experimentos con hachís, Benjamin escribe que el consumo de la droga “lo hacía a uno suponerse distinguido porque, entre otras cosas, parece ser que, fundamentalmente, entras en la nada a profundidad: que, sin importar que tan hondo penetres, siempre estás moviéndote en el umbral. Un tipo de danza de la razón y de puntillas.”[3] En la siguiente presentación, me dedico a investigar más a fondo estas dimensiones de la filosofía de Benjamin que describen al viaje como una sensación que conlleva al ser a un principio como frontera entre el todo y la nada, y la imposibilidad de trascenderla. Ese viaje, propongo, sirve como puente fronterizo a otros significados. Para Juan Cirerol, cantautor Mexicalense, y cuya música es tema principal de esta investigación, el consumo de la droga, aparte de alcanzar la posicionalidad filosófica descrita por Benjamín o de relacionarse a los géneros músicales de su obra como invocación típica de lo romántico del blues, el nihilismo del punk, o la burla tanto del amor como de la muerte, temas de mayor importancia en la música regional norteña y en la poesía en general, posiciona al sujeto no frente a la nada sino en el puente que transgrede a la realidad fronteriza que también es como la muerte. Mediante el consumo de la droga Cirerol mantiene una constante batalla entre la seducción nihilista y el deseo chamanístico de la trascendencia.

Si bien la contracultura tijuanense de principio de siglo expuso a la leyenda negra fronteriza para celebrar una nueva explosión cultural e ideológica-filosófica desde la perspectiva de los habitantes de esa región,[4] la obra de Juan Cirerol ejemplifica lo que sería esa filosofía en decadencia al ser traída de la costa del Pacífico al desierto de la capital bajacaliforniana. De hecho, la letra de Cirerol nos recuerda de cierto modo a los primeros Contrapoemas de un Heriberto Yépez, donde se logra describir a verso punk una localidad fronteriza no aislada de la pobreza, la violencia, la suciedad, la locura, la prostitución, el mundo de las drogas y el narcotráfico, todo eso, pues, que tacha a la ciudad fronteriza como víctima de varios años de explotación, terror, y olvido. Sin embargo, mientras Yépez reconoce que Poetry Is On The Streets de Tijuana, es decir, que es válida e importante la filosofía y experiencia de un “Juan Martínez, Juan Nadie, Juan Todos,”[5] el contraculturista, aunque cohabitante de la frontera, es otro, y, en cambio, Juan Cirerol es su propio Juan Martínez, su propio Jhony Cachanilla. Jeziel Jovel, en un artículo sobre Cirerol para el blog de Dance to the Radio añade,

Como tratándose de un personaje sacado de algún libro de Élmer Mendoza, o siendo la reencarnación menos afable de el [sic] ídolo sin gloria Rockdrigo González, quien en vida fuera el único a quien se le revelaron los secretos del profeta del nopal. [sic] Presentan a Cirerol como un hombre interpretando a un personaje, afirmando un error. Pues, aunque sus letras lo comprueben, él solamente se interpreta a sí mismo en la crudeza total de ser como es. Sin poesía, sin censura, viviendo en los excesos del limite [sic] y caminando por el borde. En estado de desasosiego con todo lo que le rodea, incluido él mismo.[6]

Se dice en decadencia, entonces, porque aunque los promotores de la contracultura tijuanense, como Yépez, Rafael Rafadro Saavedra, los miembros del Colectivo Nortec, o Marcos Ramírez Erre, por sólo mencionar algunos, sí reconocen el legado del narcotráfico y el consumo de drogas en la ciudad fronteriza, y en sus obras existen personajes que consumen drogas para aliviar la tensión de esa realidad, nunca realmente proponen que la drogadicción sea un escape real de la cárcel fronteriza.[7] Yépez, inclusive, en Contrapoemas advierte que el sobreconsumo de droga conduce a “quedarse arriba,” a lo que él define como un estado de permanente manía y locura.[8]

En primera instancia, en la auto-caracterización del personaje lumpenfronterizo, Cirerol confronta tanto sus desamores como sus condiciones socioeconómicas mediante el escape efímero que provee la drogadicción. De inicio, Cirerol acepta una experimentación desbordada. En “Clonazepam Blues” de su segundo álbum Ofrenda al Mictlán (2010), Cirerol canta:

en la tarde no sé en que en qué pensé
me tomé muchas pastillas para no sé qué
[...]
me duró por dos días
el mismo pinche viaje
me tomó por sorpresa
no sabía lo que hacía

Mediante la experimentación con varias drogas Cirerol se autodefine como el típico escapista que se droga sin pensar en las consecuencias mas en el gozo inmediato. Este escape es, entonces, la representación de la seducción nihilista que produce la drogadicción. En “Es correcto señor (Yo vengo de Mexicali)” del cuarto y más reciente álbum, Cachanilla y Flor de Azar (2014), Cirerol lo confirma,

Eso es correcto señor,
la vida es pa' gozarla y disfrutarla
Yo lo hago muy a la brava,
por eso creo que me estoy quedando arriba
Eso es correcto señor
saque la Tecate pa' subirla
Buchanas para bajarla
y un toque de cush pa' no sentirla

Sin embargo, desde su segundo álbum con Vale Vergas Discos, este escape deja de relacionarse con su condición socioeconómica puesto que el álbum se transforma en un disco de culto y Cirerol empieza a cobrar fama.

Con el éxito la filosofía cirerolana cambia:

cuando anduve como perro de mí todos se burlaban,
me daba un chingo de agüite que todos me pisotearan
hasta que un día me humillaron, se comieron sus palabras

hijo de su reputa madre que culera es la pobreza,
es burla de cabrones que se sienten mucha verga,
pero arriba dan la vuelta, sabes que digo la neta

ahora ya no soy el de antes, la suerte está de mi lado;
le recuerdo a los ojetes que se portaron bien gacho
ahora dicen: parientito, ¿qué se le ofrece mi hermano?[9]

Consecuentemente, alcanzar la fama le permite a Cirerol pensar en la droga menos como producto de consumo y más como elemento de poder. En el narcocorrido “El carril #3,”[10] por ejemplo, Cirerol nos canta la historia de un “Gran Señor”--uno de los pocos personaje ficticios que le conozco a Cirerol--y quien debido a su influencia de narcotraficante “está bien arreglado.” Cirerol describe al Gran Señor de la siguiente manera:

otra vez se ha demostrado
el poder que da el dinero
ya ven como un mexicano
pudo comprar a los güeros
y aunque es de los más buscados
se les mete a sus terrenos

La historia del Gran Señor, entonces, aunque no deja duda de que se trata de otra fantasía escapista relacionada a las drogas, también es claramente una idealización del otro, tanto en el sentido foucaultiano como en el lacaniano, porque en él se expresa el deseo de adquirir lo imposible, es decir de aliviar la tensión fronteriza que produce relaciones y estructuras de poder para cruzar fronteras libremente tanto para traficar droga como para “ir de compras,” a la misma vez que se reproduce la imagen del hombre idealizado, identificado como el falo que penetra en los terrenos ajenos del vecino del norte.

Para colmo, el último disco de Cirerol también incluye otra pieza en la cual el nihilismo normalmente asociado con el consumo de drogas aparece de forma aún más explícita:

Así me voy
así ahora me despido
hermosa fantasía
hermosa vida
hermosa niña
siento que me muero
cuando tú no estás
cuando me acuerdo de ti
en esta casa vacía

Yo sé que es peligroso
estar tomando todo el día
pero es que simplemente
siento mucha simpatía
por el alcohol, la mierda,
el odio y la apatía,
soy anti-todo,
quiero estar muerto

Si “Ahí te va a llegar el cheke”--el cual es el título de la canción citada previamente--no es un himno punk, no sé que otra canción pueda serlo ya que en esta canción Cirerol se burla de todo, desde el amor hasta de la economía de la industria musical y de sí mismo como miembro de ella y como “romántico desesperado.” Es también en esta canción que Cirerol acepta que “no le da vergüenza decir sinceramente que [es] un junkie cualquiera” o que lo único que desea es “una morrita que quiera chupár[s]ela y todo fine.” Aparte de lo grosero y la actitud valemadrista, su nihilismo punk se nota en la autodestrucción. Da lo mismo que se repita la idealización del Gran Señor, puesto que aunque Cirerol admite “que nunca dej[a] cerradas las puertas” y que se “pasa la vida ganándo[se] un putero de feria en toda esta mierda…” sigue deseando la muerte mediante el desborde de los sentidos que produce la intoxicación.[11]

Que se le pueda llamar una experiencia chamanística a todo esto es debatible. En la obra musical de Cirerol nunca se propone explícitamente que el consumo de las drogas tiene la intención de ir más allá de la representación vulgar de época, una aseveración regionalista, o de una actitud punk. Es decir, nunca se encuentra un aspecto del consumo de drogas como religiosidad o espiritualismo. También, como ha mencionado el farmacólogo, Paolo Nencini, en su estudio, “The Shaman and the Rave Party: Social Pharmacology of Ecstasy” (2002), algunos expertos opinan que no todo chamán requería consumir drogas para asumir un trance.[12] Pero, ¿se le podría llamar trance a eso que produce la intoxicación de Cirerol? Después de todo, el “performance” de Cirerol tanto en el escenario como en las calles no está muy lejos de la descripción que hace Gloria Anzaldúa sobre el ritual chamanístico. Ella describe, “In the ethno-poetics and performance of the shaman, my people, the Indians, did not split the artistic from the functional, the sacred from the secular,[13] art from everyday life. The religious, social and aesthetic purposes of art were all intertwined” (66).[14] Obviamente, lo que le haría falta a Cirerol para asumir un nivel chamanístico tradicional sería una apreciación de lo sagrado, ya que su obra se encarga de encarar todo lo demás, puesto que su expresión artística es también funcional y práctica, aparte de gozar de un gran número de fans.

Sin embargo, ¿no se podría pensar al chamán sin religiosidad reconocible? ¿Un chamán anárquico? En el film, Bajo California: El límite del tiempo, Carlos Bolado quizás presenta precisamente eso, un chamán bajacaliforniano cuya religiosidad es indistinguible más allá de la función de fumar drogas, pintar en las cavernas y hablar en lenguas desconocidas. El chamán de Bolado es uno cuyo significado es incierto. En el film, sin embargo, el chamán también aparece como función psicológica que ayuda a sujetos que sufren de traumas de identidad a encontrarse o reencontrarse con lo que Freud llamaría el orden primitivo de la ley. Sin embargo, esta ley no es una ley gubernamental, sino aquella que localiza la socialización del sujeto sexuado.[15] Pero, me estoy saliendo del tema. La realidad es que nadie está seguro de cual es precisamente la definición del concepto “chamán.” En Wayward Shamans: The Prehistory of an Idea (2013), la antropóloga Silvia Tomášková, explica que es imposible dar con una definición apropiada del sujeto, ya que a través de la historia la idea del chamán es re-evaluada, primeramente en Europa y después durante la conquista, irónicamente, como parte de la crítica de las culturas y religiones mesoamericanas cuyas prácticas le eran ajenas a los europeos.[16]  

Se podría identificar a Cirerol como un chamán anárquico porque aunque reclame ser “anti-todo,” como el chamán más tradicional Cirerol provee alivio curativo para el alma mexicana de frontera que reconoce las situaciones narradas en su música. En “Shamanism and Music Therapy: Ancient Healing Techniques in Modern Practice” (1989), Thomas Winn et al. describen que escuchar las repeticiones de cantos o tambores que se emplean en rituales chamanísticos también le ayudan al sujeto a acceder información del inconsciente.[17] Ante todo, y sin que él mismo así lo reconozca, la intencionalidad de Cirerol es la de encarnar esa figura que es reconocida en la contracultura como un miembro del lumpenfronterizo para así crear una conección con el pueblo y el logos mexicalense. Sin duda, la música de Cirerol es un paliativo para muchos fronterizos que se identifican con las narraciones o con su actitud valemadrista frente a la realidad de la frontera, es decir, donde el cruce es restringido y limitado. Con su música, Cirerol transgrede las reglas sociales para poder explicarnos que si no hay escape físico de esa cárcel fronteriza, por lo menos existe la fantasía del escape hacia la nada mediante el gozo de la fiesta desbordada y, si me permiten el pochísmo, desborderante.

En contraste con la idea de Benjamín sobre la imposibilidad de la trascendencia de la nada durante el viaje, en Cirerol se aprecia la fantasía de la trascendencia mediante la imagen del cruce. Si en las canciones de Cirerol hay una cierta desesperación por alcanzar la muerte es porque la droga posiciona al sujeto frente a la tragicomedia que es la realidad fronteriza. Sin embargo, al final, Cirerol se burla de todo, incluyéndose a sí mismo, porque el viaje no necesariamente le conduce a la muerte o a ese sentido de distinción frente a la nada sino que la revela como lo que surge al otro lado de un gran cerco o una muralla; intoxicarse, entonces, se convierte en un tipo de acto chamanístico de investigación del más allá al que Cirerol bien llama a veces “el otro lado” y en otras “Mictlán.”


Sección de comentarios:

Los siguientes comentarios fueron recibidos por el autor al concluir la presentación del texto anterior tanto durante la sección de preguntas como en conversaciones posteriores con participantes y asistentes del XX Congreso Mexicanista Juan Bruce Novoa el 17 de Mayo, 2014 en la Universidad de California, Irvine. Aunque el autor intentó conseguir los nombres de todos los comentaristas, se le olvidaron y sólo hay nombres dónde se pueden identificar. El autor siente mucho haberse olvidado de los nombres y quisiera reconocer a todos los aquí mencionados. Si Ud. se reconoce en este segmento, favor de contactar al autor mediante correo electrónico a fabiochee@gmail.com.

Durante la sesión de comentario del XX Congreso Mexicanista: Juan Bruce-Novoa, la profesora Emily Hind de la Universidad de Wyoming me preguntó si se podría pensar un nivel secular chamanístico para Cirerol. Yo respondí que Cirerol no tiene fé en nada, que no hay ninguna intención religiosa, ni sagrada ni secular. Sin embargo, ahora pienso que tal vez hay más que investigar.

Hind también mencionó que mi análisis de la letra de Cirerol es tal vez mucho más “intelectual” y "sofisticado" que la música de Cirerol. Entonces pensé que tal vez ella me estaba diciendo en otras palabras que yo estaba exagerando o que la música de Cirerol no valía la pena. Contesté que todavía no estaba convencido de que Cirerol fuera chamán. 

Sin embargo, de que Cirerol tiene un parentesco muy estrecho con el concepto chamán, no cabe duda. Para llegar a este punto sería bueno para todo lector de este artículo también escuchar por lo menos el último disco de Cirerol, Cachanilla y Flor de Azar en su entereza, lo cual se puede hacer mediante YouTube, accediendo el siguiente URL: https://www.youtube.com/watch?v=5Lf8cAIaE1Y.

Otra participante me preguntó si se podría pensar a Cirerol como “un escapista a la houdini,” es decir, donde “el escapismo es el entretenimiento mísmo.”  Mi respuesta fue, “sí.” Comenté que también existe una dimensión mágica del chamán que se podría explorar más en la investigación.

Iván Eusebio Aguirre Darancou, de la Washington University in St. Louis, me preguntó cuáles eran las drogas que Cirerol reclama consumir en sus canciones y si tenía algo que ver con la cuestión de legalidad e ilegalidad y yo contesté que Cirerol ingiere muchísimas, desde lo más legal como el alcohol y el tabaco hasta drogas consideradas fuertes e ilegales como la anfetamina. Conversamos más sobre esto después de la sesión de preguntas y mencioné que Cirerol inclusive admite usar heroína, pero sin mencionar la palabra “heroína”, como cuando se refiere a “picarse” en “El regalo más bonito” de Cachanilla y Flor de Azar. Aguirre Darancou me habló del libro Taipei de Tao Lin, sobre un escritor cuya labor es similar a la de Cirerol, es decir, consumir drogas para asumir una posición chamanística mediante sublimación artística. Él me volvió a preguntar si había algún consumo de alucinógenos, como si sugiriendo que esa fuese la clave del chamanismo de Cirerol. Dije que tal vez, que no me acordaba, pero que Cirerol sí menciona muchísimas drogas. Pensándolo más, creo que también aquí uno se tiene que preguntar si existe más bien un orden entre drogas que supuestamente llevan a la perdición o aquellas que son aceptables por su uso común en rituales contemporáneos que muchas veces conllevan significados sagrados--algo que no le cabría a la propuesta de Cirerol como chamán anárquico. Esto me recuerda más bien a otro comentario que recibí de otra persona en confidencia sobre Carlos Castañeda... lo cual en sí me recordó, ahora que estoy escribiendo esto, a Hunter S. Thompson y su periodismo gonzo en relación con la pregunta sobre Taipei. ¿Por qué llamarlo periodismo gonzo y no chamanismo? ¿Acaso no proveen alivio sus reportajes al igual que Cirerol sus canciones? ¿Por qué considerar alucinógenos como la droga o alteración mental sagrada o por excelencia? ¿Qué le otorga ese privilegio? ¿Es acaso una sensación de legalidad--volviendo a la pregunta original--lo que provee el ritual de consumo de la droga cuando se trata de un alucinógeno como el peyote, cuyo consumo está atado a cierta representación de civilización? Aunque debería haber algún factor de excitación que proviene de la transgresión de la ley (gubernamental) no creo que esto sea una base suficiente para entender el sentimiento que provee la acción chamanística de consumir drogas, de entrar en trance.

Finalmente, un ex-compañero de la Universidad de California, Irvine, Alberto Landaveri, me comentó que él estaba estudiando precisamente el concepto del chamán para su tesis doctoral. Él me comentó que de acuerdo a sus estudios, la labor del chamán siempre ha tenido una relación social, es decir, que su labor siempre ha sido para el beneficio del pueblo. Ahora pienso que si esto fuese la única función de la labor del chamán, entonces Cirerol encajaría perfectamente, ya que su labor es últimamente social, algo que no está muy lejos de nuevas concepciones de propuestas anarquistas, y puesto que la obra musical cirelolana provee alivio de la presión de frontera, vaya, de la presión de México en general. Su fiesta es nuestra medicina, nuestra droga, nuestro escape.


[1] El título original, “‘Todo Fine:’ El nihilismo musical de Juan Cirerol o el viaje del transborder punk-norteño de la muerte,” fue editado durante la ponencia. 
[2] Ver a Benjamín, Walter. On Hashish. Translated by Howard Eiland and Others. The Belknap Press of Harvard University Press. Cambridge and London, 2006.
[3] Ibid. 20. Traducción original: “You feel distinguished because, among other things, it seems to you that fundamentally you enter into nothing too deeply: that, no matter how deeply you penetrate, you are always moving on the threshold. A sort of toe dance of reason.” Traducción al español es mía.
[4] Ver a Chee, Fabio. “Tijuana: De la mala propaganda a la ‘contracultura.’”
[5] En Por una poética antes del paleolítico y después de la propaganda (Editorial Anortecer, 2000), se adjuntan varios textos de la poesía de Heriberto Yépez. Entre estos se incluyen los Contrapoemas que fueron publicados previamente mediante el blog del autor. De esta colección sería importante enfocar el estudio en “Maniacos y locos” y “Juan Martínez, Juan Nadie, Juan Todos,” al igual que la sección de poesía visual (fotografía de instalaciones) bajo el nombre de Contextos.
[7] Aunque Marcos Ramírez Erre no es escritor, sino artista plástico, también se reflejan estos temas en sus obras.
[8] Ver Yépez, Heriberto. “Maniacos y locos.” Contrapoemas.
[9] Cirerol, Juan. “Vida de perro.” Ofrenda al Mictlán. Vale Vergas Discos, 2010.
[10] Cirerol, Juan. “El carril #3.” Cachanilla y Flor de Azar. Discos Intolerancia, 2014.
[11] Todas las citas en este párrafo son de la canción “Ahí te va a llegar el cheke” del álbum Cachanilla y Flor de Azar.
[12] Ver Nencini, Paolo. “The Shaman and the Rave Party: Social Pharmacology of Ecstasy.” Substance Use & Misuse. Vol. 37, No. 8-10. 2002: 923-939. El artículo fue accedido via el buscador de Informa Healthcare: http://informahealthcare.com/doi/abs/10.1081/JA-120004159.
[13] Ver sección de comentarios.
[14] Ver Anzaldúa, Gloria. Borderlands/La Frontera. San Francisco. Aunt Lute Books, 1987.
[15] Ver Chee, Fabio. “La Llorona In Psychoanalysis.” Visual Origins: Chicana/o Representations in Film and Narrative. Dissertation. University of California, Irvine. 2011.
[16] Ver Tomášková, Silvia. Wayward Shamans: The Prehistory of an Idea. University of California, Press, 2013. 1-4.
[17] Ver Winn, Thomas et al. “Shamanism and Music Therapy: Ancient Healing Techniques in Modern Practice.” Music Therapy Perspectives. Vol. 7. Issue 1. 1989. 67-71. Accedido via Oxford Journals: http://mtp.oxfordjournals.org/content/7/1/67.short?rss=1&ssource=mfr.

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